Jugando al teléfono escacharrado

5 de Diciembre de 2008 por jaezquerra

Un teléfono antiguoSupongo que muchos conocéis el juego del “teléfono escacharrado“, aunque igual no por ese nombre, es ese juego en el que un grupo de personas se van diciendo una frase susurrándosela al oído y después se observa lo diferente que la frase que recoge el último de las lista de la que lanzó el primero.

Pues este fenómeno es algo muy normal para los que trabajamos en el mundo de la programación web, sobre todo cuando no trabajamos para el cliente final y lo hacemos a través de una agencia (a veces hasta dos) que ejerce de intermediaria, pues ellos son los que realizan el diseño.

Cuando la agencia es un poco grande suelen impedirte la comunicación directa con el cliente final, para dar la sensación de agencia más grande, con más departamentos, y el caso es que cuando los intermediarios te pasan las especificaciones para hacer el presupuesto, estas son escasas o nulas, del estilo de queremos que sea como esta página o que haga tal cosa, y ante las primeras dudas a la hora de presupuestar les pasas una serie de preguntas que ellos tendrán que transmitir al cliente para que el presupuesto se ajuste a lo que realmente quieren.

Y en el 90% de las veces, después de presupuestado y aprobado el presupuesto, es cuando empiezan a aparecer funcionalidades por arte de magia, problemas derivados de desarrollos previos que no han sido contemplados (por desconocimiento de los mismos, como podría ser la conexión de parte de la base de datos de la web con su ERP) o aumento de la complejidad de algunas de las funcionalidades (como una gestión completa de los gastos de envío adecuados al peso y destino del paquete según dos formas de envió, cuando lo presupuestado era tan simple como unos gastos fijos que se tornaban gratuitos a partir de un cierto volumen de compra).

Por ello te ves en la necesidad de hacérselo saber a tu cliente, que en realidad es el intermediario y este al cliente final, y ahí es cuando empieza la disputa sobre lo que estaba contemplado y lo que no, dándote cuenta de que lo que realmente le llegaba de nosotros al cliente final o lo que de él nos llegaba a nosotros poco tenía que ver con lo transmitido al intermediario, que normalmente de temas técnicos tiene poca o nula idea.

Y ahora es cuando vienen las discusiones y el malestar del cliente, muchas veces justificado, que conlleva a que el sobrecoste de la programación de más o el recorte de las funcionalidades que el pensaba iba a tener su aplicación le lleven a la decisión de retrasar el pago el máximo tiempo posible, con el problema de liquidez que eso suele suponer a empresas de dimensiones reducidas.

Para prevenir estos problemas de liquidez ante el retraso del pago nosotros solemos pedir que al inicio del proyecto se nos entregue un porcentaje del total de la factura (normalmente el 30 o 35 %), a la entrega una gran parte (50 %, aunque aqui es cuando ya se empiezan a producir los retrasos de pago) y dos semanas después, cuando la aplicación ya se ha comprobado que funciona correctamente, el resto.

Otra de los fenómenos que se producen en este tipo de situaciones, es que cuando la relación con el cliente final se ha torcido definitivamente debido a todos estos “malentendidos” es el momento en el que se nos presenta como tercera empresa en discordia, para que seamos nosotros los que hagamos ver al cliente final el porque del aumento del precio de la aplicación o de porque no hace lo que el pensaba. O lo que es lo mismo, que cuando todo va medianamente bien permanecemos en el anonimato pero cuando todo se tuerce somos nosotros los que tenemos que comernos el marrón con el cliente porque somos “los que sabemos” de esto.

Todos estos problemas no aparecen, como podéis imaginar, si el intermediario es claro con el cliente y le hace saber que la programación correrá a cargo de una tercera empresa con la que ellos suelen colaborar, de forma que tengamos contacto directo con el cliente y de esta forma haber planteado a priori las preguntas necesarias, esas que solo la experiencia te ha enseñado que son clave y que los estudios de diseño no saben realizar, para que el presupuesto se ajuste a la necesidad real del cliente, de forma que en medio del proceso no se encuentren sorpresas desagradables en forma de sobrecostes o de reducción de funcionalidades. Así, todos salimos ganando.

Etiquetas: , , , ,

Un comentario para “Jugando al teléfono escacharrado”

  1. Nala dice:

    Te has quedado a gusto, ¿eh?

Deja un comentario